Nube se va a dormir

Bedtime
Nube se va a dormir

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Nube corría y corría por toda la casa. Sus patas apenas tocaban el suelo. Era como un cometa que no sabía parar. «¡Corro, corro y corro!», parecía decir con cada salto.

Pero entonces, Nube se detuvo junto a la ventana. El cielo se estaba poniendo anaranjado y suave. El día se iba, poco a poco, como agua entre los dedos.

Nube recordó algo muy gracioso de hoy. Había perseguido su propia cola durante mucho tiempo. Daba vueltas y vueltas, como un torbellino pequeñito. ¡Y la cola nunca se dejó atrapar!

«¿Por qué mi cola no me deja ganar?», pensó Nube. Era una pregunta pequeña. Pero estaba ahí. Daba vueltas en su cabeza, suavecita, como una pluma.

Entonces llegó Mamá con voz de terciopelo. «Nube, pequeña, ya es hora de descansar.» Nube la miró. Y la pregunta de la cola se fue, casi sola. La voz de Mamá era como una manta tibia por dentro.

Nube encontró su lugar favorito: la cama junto a la ventana. La colcha olía a suave y a conocido. La habitación era quieta. El mundo, allá afuera, dormía también.

Nube quería ver las estrellas un poco más. Pero sus ojos dorados se iban cerrando solos. Uno. Y otro. Parpadeaban lentos, lentos.

Entonces Nube lo entendió, sin palabras. No necesitaba atrapar la cola hoy. Ni mañana. Ni nunca. El día había sido bueno. Eso ya era suficiente.

Nube soltó un suspiro largo y calentito. Se enroscó, redondita como una nube de verdad. Su cuerpo se fue poniendo pesado y blando.

La habitación estaba quieta. Solo se escuchaba un ronroneo suave. Como una canción sin palabras. Muy, muy baja.

Nube dormía. Mañana, la cola seguiría ahí. Y ella también. Buenas noches, Nube.

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