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Bruno el toro tenía músculos grandes y fuertes. ¡Le encantaba usarlos para ayudar a todos en el prado!
Una mañana, Bruno vio que el arroyo estaba muy ancho. «¿Cómo podrán cruzar mis amigos?» se preguntó.
«¡Ya sé! ¡Cargaré troncos!» Bruno levantó un tronco pesado completamente solo. ¡Uf! ¡Estaba muy pesado!
¡SPLASH! El tronco rodó directo al agua. Bruno se rió. «¡Ups! ¡Eso no funcionó!»
Bruno lo intentó otra vez. Empujó más fuerte. Sus músculos se cansaron. «Uf... puf... ¡esto es difícil!»
El Ratoncito vio a Bruno esforzándose. «¿Puedo ayudar?» chilló. Bruno sacudió la cabeza con orgullo.
Bruno arrastró otro tronco. Sus patas temblaron. El sol estaba caliente. Necesitaba descansar.
Conejo saltó con ramitas. Ratoncito trajo cuerda. «¡Queremos ayudar!» dijeron juntos.
Bruno los vio trabajar en equipo. Ratoncito hacía nudos. Conejo juntaba palitos. ¡Qué interesante!
«Tal vez...» pensó Bruno. «¿Tal vez no tengo que hacer todo solo?»
«¡Sí! ¡Trabajemos juntos!» Bruno sonrió grande. ¡Él levantaba troncos mientras Ratoncito los amarraba fuerte!
Conejo dirigía dónde poner cada tronco. Todos tenían un trabajo especial. ¡Era como un juego divertido!
¡Pronto, un puente hermoso se extendió sobre el arroyo! ¡Bruno, Ratoncito y Conejo bailaron de alegría!
Todos los amigos del prado cruzaron el nuevo puente. «¡Gracias, equipo!» gritaron felices.
Bruno abrazó fuerte a sus amigos. «¡Construir juntos es la mejor manera!» ¡Se sintió tan orgulloso!
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