Story Preview
Frostel se erguía majestuoso en la plaza del pueblo, su nariz de zanahoria apuntando con orgullo al cielo invernal. Le encantaba ver a los niños correr, sus botas crujiendo sobre la nieve fresca. Pero algo se sentía diferente hoy. La plaza parecía vacía sin su adorno habitual. «El viejo árbol de Navidad se cayó en la tormenta del año pasado», suspiró la Sra. Pino, la panadera. «Ahora no hay nada especial aquí». Los ojos de carbón de Frostel brillaron con determinación. ¡Él encontraría la manera de devolver la magia navideña a su plaza!
Cada mañana, Frostel observaba el amanecer pintar la nieve de rosa y dorado. Mantenía despejados los senderos para los visitantes y siempre lucía su sonrisa más cálida. Los habitantes del pueblo adoraban a su muñeco de nieve guardián. «¡Buenos días, Frostel!» gritó Tommy, pasando veloz en su trineo. «¡Buenos días!» Frostel agitó su brazo de palo. Mientras Tommy desaparecía colina abajo, algo pequeñito llamó la atención de Frostel. Allí, medio enterrada en la nieve cerca de su base, yacía una sola semilla de pino. ¡Debía haber caído del viejo árbol antes de la tormenta!
Download Momo to read the full story with audio and illustrations
Read the full story in the Momo app