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Gatito plantó semillas. «¡Crezcamos rápido!» gritó. Pero Gatito no quería esperar.
«¿Crecerán si las empujo?» preguntó Gatito. ¡Zas! Empujó, empujó. Nada pasó. «¿Y si salto?»
¡Plaf, plaf, plaf! Saltó sobre la tierra. La tierra voló. Gatito estornudó. «¡Atchú!»
Gatito paró. Miró la maceta. Una hoja pequeñita salía. ¡Tan, tan pequeña! «¿Creció?»
«Espera un poco,» dijo Mamá Gata. Gatito se sentó. Esperó. Esperó.
Cada día, Gatito miró. Una hoja. Otra hoja. Una flor pequeña. ¡Roja!
Gatito abrazó la maceta. «¡Lo hicimos!» Mamá Gata sonrió. «La paciencia es magia.»
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