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El Rincón Silencioso

El Rincón Silencioso

¡Conoce a Milo en esta aventura mágica! A free Educational for kids age 5+. Read online or listen with audio narration in the Momo app.

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A Milo le encantaba su rincón silencioso en el preescolar. Se sentaba allí todas las mañanas con su libro favorito. «¿Por qué juegan tan ruidoso los demás?» se preguntaba.

Desde su lugar acogedor, podía ver todo. Los constructores de torres de bloques. Las bailarinas disfrazadas. Los maestros de rompecabezas en sus mesas.

«¿Cómo saben qué decirse unos a otros?» pensaba Milo. «¿Cómo se hacen amigos tan rápido?» Abrazó sus rodillas y observó.

Hoy, algo era diferente. Una niña llamada Luna estaba sentada sola junto a los trenecitos de juguete. Sus hombros temblaban un poquito. ¿Estaría llorando?

Milo se asomó por encima de su libro. Luna tenía un vagón roto en las manos. La ruedita roja se había salido y había rodado quién sabe dónde.

La vio buscar debajo de las mesas y detrás del librero. No había ruedita. La cara triste de Luna se puso más grande. A Milo se le hizo un nudo en la pancita al verla triste.

Otros niños pasaron corriendo junto a Luna, ocupados con sus juegos. La maestra estaba ayudando a alguien a pintar. Nadie parecía darse cuenta del trenecito roto.

Milo vio algo rojo debajo de la esquina de la alfombra de lectura. ¡La ruedita! Debía haber rodado hasta allá cuando se quebró.

Podía decirle a la maestra. O podía gritarle a Luna desde su rincón. Pero se le atoró la voz. Las manos le sudaron. ¿Y si se reía de él?

«A lo mejor no quiere ayuda» se dijo Milo. «A lo mejor le gusta arreglar las cosas sola, como a mí.» Acercó más su libro.

Pero Luna siguió buscando, gateando por la alfombra. Su trenecito favorito seguía ahí, roto. A Milo se le apretó el pecho al verla.

Trató de leer, pero las letras se veían borrosas. Luna sollozó. «A lo mejor estar solo no siempre es bueno» le susurró a su libro.

Milo respiró profundo. Luego otra vez. No tenía que usar palabras difíciles. Solo tenía que ser bondadoso, como cuando papá lo ayudaba a él.

Despacio, Milo caminó hacia la alfombra y recogió la ruedita. Las piernas le temblaron. Pero Luna necesitaba esta ruedita más de lo que él necesitaba su rincón.

«¿Esto es tuyo?» Su voz salió chiquitita. Los ojos de Luna se pusieron enormes. «¡Mi ruedita! ¡La encontraste!» Su sonrisa era más grande que el sol.

Juntos, pusieron la ruedita en su lugar. ¡El trenecito rodó perfecto! «Eres muy bueno para encontrar cosas» dijo Luna. «Gracias, Milo.»

¡Sabía su nombre! «¿Quieres hacer una vía?» preguntó Luna. Milo asintió. A lo mejor los amigos no necesitaban muchas palabras después de todo.

Construyeron puentes y túneles, trabajando en silencio lado a lado. A veces Luna tarareaba. A veces Milo señalaba dónde podrían ir las vías.

Cuando llegó la hora del círculo, Luna le guardó un lugar a Milo. Su rincón silencioso podría esperar. Había descubierto algo mejor: ayudar se sentía como sol por dentro.

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